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El neurofeedback es una técnica de entrenamiento cerebral que proporciona retroalimentación en tiempo real de la actividad eléctrica cerebral, permitiendo al paciente aprender a autorregular sus patrones neuronales. A través de estímulos visuales o auditivos, el sistema refuerza las frecuencias deseadas y reduce las desreguladas. No es invasivo, no utiliza fármacos y se adapta a las necesidades específicas detectadas en el qEEG.
La evidencia científica revisada respalda el uso del neurofeedback en TCA y comorbilidad con trastorno de estrés postraumático (PTSD), incluyendo protocolos de frecuencia infra-baja (Infra-Low Frequency, ILF) y entrenamiento tradicional. Estudios reportan beneficios en la reducción de evitación traumática, mejora de la regulación emocional, disminución de la restricción alimentaria y aumento de peso en pacientes con bajo IMC. En casos de trauma complejo, ILF ha mostrado ser especialmente útil para estabilizar redes neuronales profundas y favorecer la tolerancia a la experiencia interna.
Estudio de caso: Mujer de 20 años con diagnóstico de anorexia nerviosa subtipo purgativo, rasgos obsesivos y trauma complejo, fue evaluada mediante mapeo cerebral cuantitativo (qEEG). El estudio mostró un patrón neurofisiológico caracterizado por déficit generalizado de ondas Alpha y exceso de Beta/High Beta en regiones frontales y occipitales, junto con incremento de Theta y Delta en zonas centrales. Este perfil indica un sistema nervioso en hiperalerta constante, rigidez cognitiva, disociación funcional y alteración significativa en la integración de señales corporales y emocionales.
El déficit de Alpha implica dificultad para alcanzar estados de calma y autorregulación, mientras que el exceso de Beta/High Beta está asociado a ansiedad, rumiación y sobrecontrol mental. El incremento de Theta y Delta en vigilia central sugiere un componente de desconexión corporal y emocional, frecuente en personas con trauma temprano y TCA. La coexistencia de hiperactivación y disociación describe un patrón típico en trauma complejo: una parte del sistema se mantiene hipervigilante y otra inhibe la conexión interna para evitar el colapso emocional.
Se propuso un protocolo combinado: reforzar Alpha (9–11.5 Hz) en Pz para estimular redes de calma y conexión cuerpo-emoción, e inhibir High Beta (22–30 Hz) en Fz para reducir rumiación, hipervigilancia y sobrecontrol cognitivo. Se evitaron protocolos de coherencia en fases iniciales, ya que pueden sobrecargar redes inestables y activar material traumático sin recursos suficientes de regulación.
El neurofeedback se complementó con psicoterapia especializada en trauma y con trabajo corporal interoceptivo progresivo y seguro de somatic experiencing. Este abordaje restauró la autorregulación neurofisiológica, mejoró no solo la interocepción, sino la capacidad de tolerar más las sensaciones del cuerpo y ponerse en contacto sin necesidad de desconexión, reduciendo la disociación. La paciente mostró mayor flexibilidad, mitigando el impacto de los síntomas traumáticos.
La integración del qEEG, el neurofeedback y la psicoterapia de trauma ofrece un marco de intervención individualizado, basado en evidencia y adaptado a la complejidad clínica de la paciente, dando buenos resultados y seguros sin el riesgo de retraumatización.